
Esta festividad se realiza principalmente en la ciudad de Huamanga, capital de la región Ayacucho. Durante estos días, la población ayacuchana participa en procesiones, misas y actos de devoción católica, reviviendo los pasajes de la pasión, muerte y resurrección de Jesús.
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Los días centrales comienzan el Domingo de Ramos, muy temprano, con la bendición de palmas y ramas de olivo que los niños llevarán al acompañar la imagen de Cristo sentado en un pollino. Luego, el pueblo se reúne en la Plaza de Armas para presenciar la entrada del chamizo, material vegetal seco que se usará en las fogatas del Sábado de Gloria.
Casi al mismo tiempo, desde el Templo de Santa Teresa sale en procesión la imagen de Cristo sentado en el pollino, acompañada de una representación viva de los doce apóstoles.
La Semana Santa de Ayacucho se caracteriza por la activa participación del pueblo y transmite la sensación de estar viviendo un drama colectivo, en el que la población también forma parte de la representación.

Durante la Colonia, conquistadores, clérigos y misioneros introdujeron celebraciones católicas y trajeron consigo su forma de vida. Con ello llegó también una cultura religiosa basada en valores vinculados a la fe católica y a la moral cristiana. Entre estas celebraciones, la Semana Santa se fue incorporando durante el proceso evangelizador del periodo colonial.
Tras la fundación española de Huamanga, la Semana Santa cumplió un papel importante en la incorporación de la población indígena a la religión y a la Iglesia católica. Aunque en un inicio esta festividad religiosa tuvo que adaptarse a las tradiciones locales, poco a poco fue acogida por la población.
La Semana Santa en Ayacucho se celebra entre marzo y abril, según el calendario católico.

Pasajeros felices