
En el sector oriental de Lima Metropolitana se conservan los restos de Cajamarquilla, una extensa ciudad prehispánica construida principalmente. Sus pirámides, plazas, patios, corredores y grandes recintos amurallados permiten conocer la complejidad que alcanzaron las sociedades de la costa central mucho antes del establecimiento del Imperio inca.
Aunque algunos de sus muros parecen formar un laberinto, Cajamarquilla no fue una construcción aislada ni exclusivamente ceremonial. Fue un gran asentamiento urbano que reunió espacios administrativos, residenciales, productivos, religiosos y funerarios.
La Zona Arqueológica Monumental Cajamarquilla fue uno de los principales centros urbanos, ceremoniales y administrativos del valle medio del Rímac. Su ubicación permitió conectar las poblaciones de la costa con comunidades asentadas en las quebradas y zonas altoandinas, favoreciendo el movimiento de personas, productos e ideas.
Según el Ministerio de Cultura, Cajamarquilla es uno de los centros urbanos de arquitectura de tierra más extensos de la costa central del Perú.

Sus constructores utilizaron adobes, grandes bloques de barro y muros levantados con técnicas de tierra apisonada.
La organización de sus edificios revela una circulación controlada. Muchas entradas conducían primero a patios o plazas y, desde allí, a espacios cada vez más restringidos. Esta distribución habría permitido separar las actividades públicas, ceremoniales, productivas y privadas.
No todas las estructuras tuvieron la misma función. Algunas estuvieron relacionadas con ceremonias y reuniones; otras sirvieron como residencias, talleres, depósitos o espacios administrativos. Varias construcciones todavía no han sido excavadas, por lo que su uso exacto continúa siendo estudiado.
Cajamarquilla ocupa aproximadamente 167 hectáreas, equivalentes a cerca de 1,67 kilómetros cuadrados. Debido a esta extensión, es uno de los asentamientos arqueológicos más grandes del territorio que hoy ocupa Lima Metropolitana.
El sitio es especialmente importante porque conserva evidencias de diferentes momentos históricos. Su arquitectura y los materiales recuperados permiten estudiar los cambios producidos entre el final del Periodo Intermedio Temprano, el Horizonte Medio y el Periodo Intermedio Tardío.
Cajamarquilla fue ocupada por distintas sociedades a lo largo de varios siglos. Por eso, sus edificios muestran diferentes etapas de construcción, uso y transformación.
La primera gran etapa de desarrollo ocurrió durante la fase tardía de la cultura Lima, aproximadamente hacia los siglos VI y VII d. C. Las excavaciones realizadas en el conjunto Julio C. Tello han identificado actividades ceremoniales y una ocupación Lima tardía alrededor del año 600 d. C.
Durante este periodo se levantaron edificios monumentales, plazas y plataformas. Las pirámides de los conjuntos Tello y Villar Córdova se relacionan principalmente con esta etapa, aunque fueron transformadas y reutilizadas posteriormente.
La cerámica Lima encontrada en Cajamarquilla incluye ollas, cántaros, platos y recipientes empleados para preparar, servir o almacenar alimentos. Algunas piezas presentan diseños geométricos pintados en rojo, blanco y negro.
Entre aproximadamente los años 600 y 1000 d. C. se desarrolló en los Andes el periodo conocido como Horizonte Medio. En esta época aumentó la influencia cultural y política wari en diferentes regiones del actual Perú.
Anteriormente se propuso que Cajamarquilla había funcionado como un centro administrativo wari. Sin embargo, las investigaciones posteriores no han encontrado pruebas suficientes para definirla de esa manera. La ciudad parece haber experimentado una reducción importante de su población y el abandono de varios edificios.
Algunas construcciones continuaron utilizándose de forma limitada. En el conjunto Tello y otros sectores se localizaron entierros depositados en espacios que anteriormente habían tenido funciones arquitectónicas diferentes. Por ello, no debe hablarse de un abandono absoluto y simultáneo de toda la ciudad.
Cajamarquilla volvió a adquirir importancia durante el Periodo Intermedio Tardío, probablemente a partir de los siglos X u XI. Esta nueva etapa está relacionada con la sociedad Ychsma, también denominada Ichma, que se desarrolló principalmente en los valles del Rímac y Lurín.
Los nuevos habitantes reutilizaron construcciones antiguas y levantaron grandes recintos amurallados, patios, terrazas y espacios productivos.
Las investigaciones del sector Tello confirman la presencia de arquitectura y materiales asociados tanto con la cultura Lima como con la ocupación Ychsma, lo que demuestra la larga y compleja secuencia del asentamiento.
Cajamarquilla habría funcionado como un centro urbano ocupado por grupos de distintos orígenes. Su posición cercana a las rutas que comunicaban el valle del Rímac con las quebradas de la sierra favoreció el intercambio de alimentos, cerámica, tejidos y materias primas.
Los arqueólogos aún no han determinado una causa única para el abandono de Cajamarquilla. Entre las hipótesis se mencionan huaycos, cambios climáticos, terremotos, problemas en el manejo del agua y transformaciones políticas de la época.
Es probable que el despoblamiento haya sido gradual y que distintos sectores fueran abandonados en momentos diferentes. Por esta razón, debe evitarse afirmar que un terremoto o un solo desastre destruyó y vació completamente la ciudad.
Hacia el siglo XV, Cajamarquilla ya había perdido buena parte de su importancia urbana. No se conocen pruebas suficientes de una gran ocupación inca permanente dentro de la ciudad, aunque el valle quedó integrado en el territorio controlado por el Tahuantinsuyo.

Cajamarquilla se encuentra en el distrito de Lurigancho-Chosica, provincia y departamento de Lima. Está asentada cerca del cauce de la quebrada Huaycoloro, en el sector oriental de Lima Metropolitana y cerca del límite con la provincia de Huarochirí.
No debe confundirse este lugar con el distrito de Cajamarquilla, en Áncash, ni ubicarse en San Juan de Lurigancho.
Desde la Plaza Mayor o el Centro Histórico de Lima, el recorrido por carretera puede superar los 25 kilómetros, dependiendo del punto de ingreso y la ruta utilizada.
Debido al tráfico de Lima y a las condiciones de las vías de Huachipa y Cajamarquilla, es recomendable calcular entre una hora y dos horas para llegar. Los tiempos son aproximados y pueden aumentar durante las horas punta.
La alternativa más práctica consiste en trasladarse primero hacia Huachipa o la zona de Cajamarquilla mediante transporte público que recorra el este de Lima. Desde un paradero principal de Huachipa se puede continuar en taxi local hasta el Centro de Interpretación o el ingreso autorizado.
Las rutas de transporte público pueden cambiar con frecuencia, por lo que conviene revisar una aplicación de mapas antes de salir y confirmar con el conductor si pasa cerca de Cajamarquilla.
Antes de salir, busca en una aplicación de mapas “Centro de Interpretación de Cajamarquilla”. Si llegas en transporte público a Huachipa, confirma con el conductor o toma un taxi local hasta el ingreso autorizado de la zona arqueológica.
Desde el centro de Lima se puede avanzar hacia el este por la Vía de Evitamiento y las conexiones hacia Huachipa y Cajamarquilla. Debido a que existen calles, centros poblados y establecimientos industriales con nombres parecidos, es importante utilizar como referencia el Centro de Interpretación.
Las visitas guiadas no siempre se realizan todos los días. Antes de viajar, consulta la programación del Ministerio de Cultura o de operadores locales que ofrecen recorridos autorizados. La disponibilidad debe confirmarse con anticipación.
La ciudad está dividida en sectores que llevan los apellidos de investigadores relacionados con su estudio. El Ministerio de Cultura reconoce entre los principales los sectores Villar Córdova, Sestieri, Kroeber, Julio C. Tello y Laberinto, además del Camino Prehispánico.
Es el sector más conocido y uno de los espacios más adecuados para observar la organización de los recintos. Está compuesto por patios, corredores, plataformas, rampas y ambientes comunicados mediante accesos estrechos.
Su nombre moderno proviene de la sensación de caminar entre numerosos muros y pasadizos. No significa que haya sido construido como un laberinto. Probablemente reunió espacios residenciales, administrativos, productivos y ceremoniales.
Este conjunto recibe el nombre del arqueólogo peruano Julio C. Tello, quien realizó excavaciones en Cajamarquilla durante la década de 1940.
Contiene una importante estructura piramidal y evidencias de distintas etapas de ocupación. Los trabajos arqueológicos han permitido estudiar actividades ceremoniales de la cultura Lima, modificaciones posteriores y el uso de algunos espacios como áreas funerarias.
Lleva el nombre del investigador Pedro Villar Córdova. Es uno de los grandes conjuntos monumentales de Cajamarquilla y conserva una pirámide rodeada por plazas, patios y recintos.
Parte de sus construcciones se relaciona con la primera etapa de desarrollo de la ciudad durante la cultura Lima. El Ministerio de Cultura ha incluido este sector en proyectos de mejoramiento de los servicios de interpretación cultural.
El sector Sestieri recuerda al arqueólogo italiano Claudio Pellegrino Sestieri, quien dirigió investigaciones entre las décadas de 1960 y 1970. El sector Kroeber recibe su nombre del antropólogo estadounidense Alfred Kroeber.
Ambos ayudan a comprender la diversidad arquitectónica del asentamiento. No obstante, su acceso puede estar restringido dependiendo de los trabajos de investigación, conservación y seguridad.
Dentro de la zona arqueológica se conservan evidencias de antiguos espacios de circulación que conectaban diferentes sectores.
Aunque este camino es prehispánico, no se ha confirmado que forme parte del Qhapaq Ñan. Algunas rutas de la zona existieron antes de la expansión inca y siguieron utilizándose después. Algunas rutas pudieron existir antes de la expansión inca y continuar utilizándose posteriormente.
Las plazas funcionaron como espacios de reunión, intercambio y actividad ceremonial. Las pirámides de tierra no deben imaginarse como templos puntiagudos, sino como grandes plataformas escalonadas sobre las que se construyeron patios, recintos y áreas de acceso restringido.
Los extensos muros delimitaban conjuntos arquitectónicos y permitían controlar el movimiento entre espacios públicos y privados.
El Centro de Interpretación de Cajamarquilla permite conocer la historia del sitio antes de recorrer los sectores arqueológicos. Se recomienda confirmar sus horarios y disponibilidad antes de la visita. La recuperación del centro permitió mejorar sus espacios de atención, exposición y actividades educativas para los visitantes.
Su función es explicar la historia de Cajamarquilla, presentar sus etapas de ocupación y facilitar actividades educativas y culturales. Es recomendable comenzar la visita en este espacio antes de recorrer los sectores arqueológicos.
En distintos sectores se han localizado entierros correspondientes a diversas épocas. Algunos cuerpos fueron colocados dentro de fardos envueltos con tejidos de algodón y sujetos con cuerdas.
En 2021 se informó del descubrimiento de un fardo funerario de aproximadamente mil años de antigüedad. Los estudios iniciales indicaron que el individuo probablemente procedía de una zona altoandina, lo que reforzó la idea de que Cajamarquilla mantuvo vínculos con poblaciones alejadas de la costa.
En investigaciones posteriores se encontraron entierros de adultos y menores. Algunas interpretaciones plantearon posibles prácticas rituales, pero estas hipótesis deben presentarse con prudencia mientras continúan los análisis científicos.
Los arqueólogos han recuperado vasijas, tejidos, miniaturas y ofrendas asociadas con actividades ceremoniales y funerarias. También se han identificado restos de camélidos depositados como parte de prácticas rituales.
La cerámica permite reconocer las distintas etapas de ocupación. Los recipientes de Lima presentan formas y decoraciones diferentes de los materiales relacionados con las comunidades Ychsma.
Los recientes hallazgos de fardos funerarios y entierros han renovado el interés por las investigaciones en Cajamarquilla. Los descubrimientos deben entenderse como parte de investigaciones científicas y no únicamente como relatos sobre “momias” o “tesoros”.
El valor principal del sitio se encuentra en la información que ofrece sobre la alimentación, movilidad, organización urbana, producción artesanal, ceremonias y relaciones entre la costa y la sierra.
Horario: puede variar según la programación del Ministerio de Cultura. Antes de viajar, confirma la atención en los canales oficiales del Ministerio de Cultura o del Centro de Interpretación de Cajamarquilla.
Ingreso: las condiciones de acceso y el costo pueden variar según la fecha y las actividades programadas.
Una visita básica al Centro de Interpretación y al sector habilitado puede durar entre una hora y media y dos horas.
Para un recorrido guiado con explicaciones históricas y paradas fotográficas, es recomendable reservar aproximadamente dos horas y media.

Pasajeros felices