EL LEGADO DE CHAN CHAN
Por Ellen R. Gordon
Ellos llamaron a esa ciudad “Jang-Jang”, que significa “Sol-Sol” en Yunca, el lenguaje Chimu. El nombre evoluciono a “Chan-Chan” durante el gobierno de los españoles.
Chan Chan fue la capital de los Chimus, quienes, antes de los Incas construyeron su poderoso imperio, dominando más de 600 millas (970 Km.) de la costa del Pacífico en Perú. La civilización Chimu duró cerca de quinientos años, comenzando el año 950 D.C.
Ubicado en un seco y caluroso valle, más o menos a 300 millas (480 Km.) al norte de Lima cerca de lo que es ahora en día la ciudad de Trujillo, Chan Chan fue el centro urbano más grande de América del Sur antes de la llegada de los europeos. A estas alturas, Chan Chan tuvo una población de más de 50,000 habitantes y cubría una superficie de 15 millas cuadradas.
Toda la ciudad fue construida con adobe, un material local perfectamente apropiado para el clima del lugar, retiene el calor durante el día y lo suelta lentamente durante la noche. Las paredes de adobe alcanzaban una altura de 33 pies (10 metros) daban privacidad, protegía contra la polvareda, arena y vientos fuertes.
La ciudad en si misma consistía en diez enormes paredes cuadrangulares, llamadas ciudadelas, cada edificio con solo una entrada. Dentro cada ciudadela tenían grandes plazas, casas, templos, jardines, reservorios, varios cuartos y almacenes y un cementerio. Se podían acceder a ellas por largos corredores. Se cree que la aristocracia solo vivía dentro de estas ciudadelas, como lo evidencia la compleja decoración de las paredes. Tallado en el adobe, se encontraron frisos que representaban animales, la vida marina, figuras geométricas y otros diseños. Algunas áreas también fueron cubiertas de metales preciosos. La gente común habitaba barrios que estaban fuera de las murallas de la ciudadela.
La ciudadela fue construida por esclavos del rey, sus sirvientes y la aristocracia. Cuando el rey murió, se volvió un mausoleo. El estaba enterrado en ese lugar, rodeado de sus tesoros, y junto con él también estaban un séquito de 300 víctimas de sacrificio. El nuevo rey también habría de tener su propia ciudadela, y como también el rey que vendría después. Ahora en día, cuando nos paramos de la plataforma de observación para poder ver los restos de Chan Chan, vemos las ruinas de las ciudadelas sucesivas.
Viviendo en un ambiente de poca lluvia, los constructores Chimu hicieron una serie de canales para transportar el agua desde los Andes. También construyeron jardines por debajo del nivel de la superficie para que pueda traer el agua a sus cultivos, un sistema que todavía se usa en la agricultura local hoy en día. Adicionalmente a sus habilidades de ingeniería, los Chimus también fueron artesanos. Al visitar el museo de Chan Chan, podemos ver ejemplos de sus habilidades con el oro, la cerámica, tejidos y alfarería.
Cuando los Inka finalmente conquistaron Chan Chan a comienzos del siglo XV, transportaron mucha de su riqueza a su propia capital, Cusco. Por el año 1470, Francisco Pizarro, el conquistador, llego a Chan Chan, buscando por tesoros y oro. Saco casi todo lo que los Incas dejaron. Así pasaron los siglos, y los saqueadores de tumbas continuaron el trabajo. Sin embargo, muy poco de estas riquezas quedaron, hoy en día muchas de las murallas de la ciudad quedan en pie, a lo largo de frisos, grandes plazas, un tributo a la arquitectura y la ingeniería de los Chimu.
|